Nació del beso ahogado,
en la promesa embustera;
Murió muchas veces de noche,
sin que nadie la viera.
Habló con la guitarra del fado,
vagando en la mar serena,
enseñó sus pechos al cielo,
para que el viento los viera.v
Consoló al poeta sombrío,
con el mejor de sus poemas;
De fresas en los labios,
y dos hermosas ciruelas.
¡Soñó tanto, que fue sueño,
tendido sobre una pena!,
Y lloró tanto que la mar,
la convirtió en sirena.
Miró el horizonte callada,
estando el amor de verbena;
Sedó con besos al que sufre,
y nadie escuchó su queja.
¡Mujer eres de nadie
y del amor fuiste pareja;
Tú solo querías un beso,
y de niña una muñeca!
Te avisó el miedo con sangre,
roja era la marea:
¡Ya eres mujer! sobre el río,
dijo la luna lavandera!
Vas sola de madrugada,
a curar esa vergüenza;
Con ese fuego no vives,
porque sabes que te quema.
¡Mujer no subas sola,
a ver tu amor en la azotea;
Limpia tu rostro con el sol,
y tu vulva en luna templa;
No subas sola al volcán,
que la brujería se revela;
Échale dos lágrimas de amor,
al embrujo de tu regla!
¡No escribas todavía,
en la garganta ese poema,
que no puedes volar mi niña,
que todavía no eres Leda;
¡Dile a tu silencio ahora,
que callado te remeda,
si estás enamorada o vives,
para que alguien te quiera!
¡No le digas al jardinero,
lo que le duele al poeta,
que fuiste una flor podada,
antes de la primavera;
Y no le digas al viento,
pues te tuvo en su placenta,
que ya no eres libre,
sin el amor que se ausenta!
¡Ay niña que se lastima,
ay niña, si yo te dijera,
que por ti supo el dolor,
al meterse en tu vereda,
que lágrimas tenían tus ojos,
y recuerdos la gaveta!
¡Mujer eres de nadie,
en los celos que envenenan,
si te digo que me duelen;
¡no es amor, ya es pena,
y a mi alma ennegrecida,
le ofreces una botella!
A la sombra de nadie,
aquel que ya no te sueña,
teje tu soledad un mundo,
enrollado en su madeja.
Lluvia olvidada al estío
en el armario se queja;
¿No acaricias con cariño,
su carita de franela?
Ni al papel un dibujo,
ni al alba un dilema,
la ilusión ya de viaje,
se mudó de vivienda.
Mujer de nadie quieres,
llenar de amor su despensa;
Desayunar con un beso,
y un abrazo a la merienda.
En un jardín de azúcar,
¡Deseos de azucena!
Una caricia de geranios,
y un orgasmo de canela.
Juan G. Cairós